Día Internacional de la Mujer

Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer y los medios se han hecho eco de ello. De todo lo que he leído, y que se resume en su mayoría, en la desigualdad que aún existe y en lo aún nos queda por conseguir, quisiera recordar y reivindicar desde aquí lo que la escritora Ángeles Caso escribe en un artículo publicado en El País. Se titula Toda la vida trabajando y su tesis principal es precisamente que la mujer lleva toda la vida trabajando, dentro y fuera de casa, pero sin haber gozado del mínimo reconocimiento por su trabajo, ni en los libros de historia ni en las estadísticas con las que tanto nos gusta medir el pálpito de nuestra sociedad. Caso no sólo ofrece fuentes históricas sobre oficios desempeñados por la mujer (incluso en profesiones como la construcción, históricamente considerada de ámbito masculino) y de los que hay constancia escrita, sino que allude también a esos oficios, como criadas, jornaleras, niñeras, y un largo etcetera que ninguna estadística cuenta.
Que ha sido sobre todo en el siglo XX cuando la mujer se ha incorporado de forma más visible al espacio público dominado por los hombre y a la educación es, como dice la autora, cierto. Porque antes estos espacios les estaban vedados. “No es cierto, como se suele afirmar, que las mujeres se hayan incorporado al mercado de trabajo en tiempos recientes. La inmensa mayoría de cuantas han poblado la Tierra trabajaron toda la vida, deslomándose sobre las huertas y en los establos, quedándose ciegas ante los paños que bordaban para otras… Y, a la vez, obligadas a mantenerse alejadas durante siglos de la sabiduría y el poder, de las profesiones prestigiosas y bien remuneradas.”
Esta ha sido y sigue siendo la fea realidad, donde está la verdadera desigualdad: el trabajo de la mujer cuenta a veces y ha contado menos, bien por su naturaleza o bien porque se realizaba o se realiza en la sombra. Cambiar esto es tarea de todos, y sobre todo de todas. Es de la propia mujer de quien ha se surgir esta reivindicadión, todavía, que es simplemente valorar su trabajo, al margen del que sea, remunerado o no, (aunque esto es otra cuestión), de más o menos éxito (según el concepto que nos han inculcado), etc. Somos las mujeres las que hemos de reconocer el valor de nuestro trabajo, no encasillarnos en la imagen que se crea para nosotras, ni en las cifras de las estadísticas, ni en los prejuicios hacia nosotras mismas. Un amigo dice a veces que el problema de las mujeres es la falta de solidaridad entre nosotras. Tal vez lleve razón. Creo que lleva mucha razón, que ese es el problema. Falta de solidaridad de la mujer hacia la mujer. Y falta de conocimiento de nuestra propia historia. Y falta de un reenfoque de la educación.

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